PLAZA SAN FRANCISCO: EL CEMENTERIO QUE POCOS CONOCEN Y UNA GRAN HISTORIA DETRÁS

Integrantes del Obispado de la Diócesis local, junto con vecinos, trabajan en distintos proyectos para recobrar su arquitectura, protegerlo de los actos vandálicos y que sea un lugar de “peregrinaje”. Se trata del cementerio más antiguo de la región donde no solo descansan los restos de familias tradicionales de San Francisco, sino también de distintas localidades de la zona.

Ubicado a unos 4 kilómetros hacia el noroeste de San Francisco, en medio de la nada, podría decirse, se emplaza un lugar desconocido por muchos, pero tan antiguo como la propia ciudad. Se trata del cementerio de Plaza San Francisco, espacio administrado por el Obispado de nuestra ciudad y por un grupo de vecinos que desde hace años se encargan de mantenerlo en condiciones y de velar por los que allí reposan.

Tras una seguidilla de robos de placas de bronce y otros objetos, sacerdotes del obispado como los vecinos de la comisión comenzaron a trabajar fuertemente para devolverle su valor de patrimonio histórico de la ciudad y dotarlo además de mayor seguridad para evitar actos vandálicos.

A pesar de esto, no era mucha la historia que se tenía respecto del cementerio, hasta que en octubre de 2020, la licenciada en Nutrición pero con alma de historiadora, Norma Lucia Borello, presentó en la Jornada de Historia Regional de San Francisco, que realiza anualmente la Fundación Archivo Gráfico y Museo Histórico de la ciudad, su trabajo “Cementerio de Plaza San Francisco. Una historia”.

En dicho trabajo la incipiente investigadora recolectó parte de la historia del lugar y algunas anécdotas que merecen ser compartidas.

Donación

“Durante 1884 se comenzó a planificar la división de terrenos de la futura Colonia San Francisco y en 1885, José Bernardo Iturraspe comienza la venta de los mismos. Entre los colonos que decidieron poblar estas tierras se encontraban el señor Claudio Grillet y sus hijos Juan, José y Santiago, que decidieron adquirir tierras en el lugar”, puede leerse en el trabajo de Borello.

“Fundada la Colonia en 1886 -contiúa-, el señor Claudio Grillet decide ‘donar’ de sus tierras dos hectáreas para el cementerio de la nueva Colonia y hace entrega de ellas a la Arquidiócesis de Córdoba”.

Dichos terrenos quedaron oficialmente cedidos en 1890. Es por ello que el cementerio de Plaza fue anterior al actual cementerio municipal.

Al respecto, el historiador local Arturo Bienedell señala: “Recién en 1894 se crea lo que conocemos como el actual cementerio municipal. En aquel año se habían producido una gran cantidad de muertes en San Francisco por enfermedades que azotaron toda la zona, como el cólera y la peste bubónica; como muchos pobladores ya se habían establecido en torno a la estación ferroviaria, en lo que se conoció como Estación San Francisco, es decir lo que es ahora la ciudad, el cementerio de Plaza quedaba muy lejos. Por eso, uno de los colonizadores, de nombre Carlos Gilli, donó una esquina de su terreno que era muy grande, en lo que es la avenida 9 de Septiembre actual, para que quede más accesible para sepultar a la gente que vivía en la Estación San Francisco. Al principio era un campo rodeado con alambres, con el correr de los años lo fueron cercando hasta lo que se puede apreciar en la actualidad”.

Retomando el trabajo de Borello, sobre el cementerio de Plaza, la mujer reseña que antiguamente la entrada principal del espacio se encontraba sobre el costado izquierdo de donde se encuentra emplazado, frente al camino principal, con un portón artesanal de hierro que aún se conserva. Sin embargo, en el año 1940 se lleva a cabo la creación de la nueva entrada.

En 1961, el Papa Juan XXIII creó la Diócesis San Francisco y en ese momento las tierras donadas a la Arquidiócesis cordobesa pasaron a manos del Obispado local, cuyo primer obispo era por entonces monseñor Pedro Reginaldo Lira.

En el lugar, prolijamente mantenido, se encuentran los mausoleos de familias tradicionales de San Francisco como los Felissia, Karlem, Alisio, Barbero, entre tantas otras. También, hacia la derecha del acceso principal, más apartado, se halla reservado para creyentes adventistas. En los últimos años se llevaron a cabo diferentes trabajos de expansión con la creación de nuevos nichos en el lugar.

Trabajo conjunto

El sacerdote Gabriel Ghione, integrante del Consejo económico de la Diócesis San Francisco, es el nexo entre el Obispado y la comisión de vecinos, que trabajan para mantener el cementerio y pensar nuevos proyectos.

El religioso explicó a qué se debe que dicho espacio continúe bajo la órbita de la Iglesia católica: “Todos los cementerios en un principio estaban administrados por la iglesia, en Argentina también era así, cuando se donaba el terreno para una Iglesia también se entregaba un terreno para el cementerio. Luego, el Estado nacional bajo ‘la reforma de Rivadavia’, expropió los cementerios bajo la órbita de los gobiernos provinciales y municipalidades”.

Luego de construirse el cementerio municipal, el de Plaza San Francisco continuó bajo el dominio del Obispado. “En este último tiempo la administración del cementerio estuvo bajo una comisión de vecinos que tienen familiares sepultados en el lugar, y eran ellos los que lo gestionaban y administraban. Pero a raíz de una serie de hechos, entre ellos varios sucesos de vandalismo e inseguridad, el Obispado comenzó a trabajar de forma más cercana a la comisión con la idea de afrontar algunos proyectos en conjunto”, admitió Ghione.

Aunque la pandemia frenó un poco los proyectos que se tenían en mente, se busca integrar a nuevas personas y recuperar el valor del lugar como patrimonio histórico de la ciudad.

“El cementerio de Plaza San Francisco alberga a las familias más tradicionales de San Francisco que tienen allí sus nichos, como así también reposan los restos de personas de Freyre, Plaza Luxardo, Colonia Marina y Devoto, entre otras localidades”, comentó el sacerdote.

Ghione remarcó que una de las prioridades es trabajar y reforzar la seguridad del lugar. “Es un bonito espacio, con pocas cosas se puede restaurar y la gente podría visitarlo y recorrerlo. Con esto queremos también recuperar las tradiciones en torno a las sepulturas que son algo valioso para nuestra fe cristiana”, reflexionó.

Por último, cerró: “Tenemos varias ideas a implementar, queremos que la gente pueda venir a conocer, a peregrinar y lograr que el cementerio sea una parte significativa de nuestra ciudad y recuperemos algo que es patrimonio de todos los sanfrancisqueños y de la región”.

El donante y sus descendientes

El señor Grillet había reservado por escrito para su familia y descendientes “una parcela de terreno del cementerio de 10 metros, de norte a sur por 8 metros de este a oeste, como legítimo propietario a perpetuidad”. La parcela tenía una tumba y un pequeño mausoleo, donde descansaban los restos del donante, su hijo y su esposa Clara Becchio.

“La parcela de terreno que el Claudio Grillet había reservado para su familia y descendientes fue solicitada a los fines de construir nuevos nichos en el lugar”, escribió Borello.

Y refirió la siguiente historia: “Uno de los hijos de Claudio Grillet, Juan Francisco, en el año 1896 se casa con Clara Becchio. Tuvieron cuatro hijos, María, Francisco, Julia y Carlos. Juan Francisco Grillet falleció joven, en el año 1910”.

”En 1915, Clara Becchio, viuda de Grillet, se casa en segundas nupcias con Roberto Baldessari. Tuvieron dos hijos, Teresa y Ernesto. Con posterioridad los descendientes del donante autorizan por escrito a los descendientes del segundo matrimonio de Clara, inhumar los restos de sus familiares en la misma parcela”.

Y agregó: “En el año 1973, la comisión del cementerio solicitó a los descendientes de las familias Grillet y Baldessari, el permiso para trasladar los restos del donante a la entrada principal del actual cementerio. En ese mismo año se concreta el traslado con un emotivo acto.

“Reforma eclesiástica”

En 1822 se realiza la “Reforma Eclesiástica” llevada a cabo por la gobernación del Brigadier General Martín Rodríguez, siendo ministro de Gobierno Bernardino Rivadavia. Popularmente conocida entonces como “la reforma de Rivadavia”, la cuestión sobre los cementerios pasó a manos del Estado y no de la Iglesia Católica, que había bajo su órbita el manejo de los “lugares de descanso eterno” desde la fundación de las primeras ciudades.

  • Fuente: El Periódico (San Francisco – Provincia de Córdoba)
  • Autor: Oscar Romero
  • Fecha: 08/05/2021
  • Nota C21

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